AprenderRomper los prejuicios
Mitos comunes

Lo que te frena

¿Crees que el taekwondo no es para ti? Casi todo el mundo pensó lo mismo antes de empezar. Aquí tienes las ideas recibidas más comunes, y lo que hay de cierto en cada una.

El cuerpo

¿Poco flexible, poco deportista?

Poca flexibilidad, ya no tan joven, nunca has hecho deporte: razones para no atreverse no faltan. La buena noticia es que casi siempre son falsas razones. Vamos una por una, con honestidad.

«No soy flexible»

La flexibilidad no es un requisito de entrada, es un resultado de la práctica. Al principio nadie te pide el spagat: las patadas se trabajan a la altura que tu cuerpo permite. La amplitud llega poco a poco, a tu ritmo.

Primera claseA la rodilla
3 mesesAl cinturón
1 anAl pecho
2 años o másA la cabeza

La altura de la patada no es un requisito: se construye mes a mes. Nadie hace el spagat en su primera clase.

«No soy deportista»

Las clases para principiantes están pensadas para principiantes, no para atletas. Haces lo que puedes, recuperas el aliento cuando lo necesitas, y la forma física se construye clase a clase. Muchos practicantes nunca habían hecho deporte antes de entrar en un dojang.

«Soy demasiado mayor»

El taekwondo se empieza a cualquier edad: hay principiantes de 7 años y principiantes de 50. En una clase de adultos cada uno avanza a su ritmo y el profesor adapta los ejercicios. Quizá no aspires a los Juegos Olímpicos, pero el cinturón negro no tiene límite de edad.

«Es violento, me voy a lesionar»

Las clases están muy supervisadas: primero se aprenden los gestos al aire, luego sobre palas de espuma. El combate llega de forma progresiva, con protecciones y una regla central: el control. Como en todo deporte puede haber agujetas y algún moratón, pero está muy lejos de una pelea.

Lo que se imaginaLo que pasa de verdad
Combates desde el primer díaGestos al aire y luego sobre blancos de espuma
Una sala llena de jóvenes atletasPrincipiantes de todas las edades, cada uno a su ritmo
Hay que llegar en formaLa condición física se construye sesión a sesión
La cabeza

Las excusas que quedan

«Soy demasiado tímido»

La clase tiene un marco claro: se saluda, cada uno ocupa su sitio, se repite en grupo. Siempre sabes qué hacer, sin tener que destacar ni tomar la palabra. Y ahí es donde muchas veces se construye la confianza, clase tras clase.

«Es un deporte de niños»

Las clases infantiles son las más visibles, pero el taekwondo es un arte marcial completo y un deporte olímpico, practicado por adultos en todo el mundo. La mayoría de los clubes tienen clases para adolescentes y adultos, y los grados se pasan a cualquier edad.

«Hay que saber pelear»

Es al revés: se viene precisamente a aprender, partiendo de cero. Para eso existe el cinturón blanco: dice simplemente «soy principiante», y todos en la sala han pasado por ahí. Nadie espera de ti ni una sola técnica el primer día.

«Es caro, hace falta material»

Para probar basta con ropa deportiva: se practica descalzo, y muchos clubes ofrecen una clase de prueba. El dobok (el uniforme) se compra al inscribirse, y las protecciones pueden esperar al combate. Pregunta en tu club: las cuotas están en la línea de otros deportes de sala.

Día 1Ropa deportiva, descalzo
Al inscribirteEl dobok, el uniforme blanco
Mucho despuésLas protecciones, para el combate

Para probar basta ropa deportiva. El resto llega después, a su debido tiempo.

«No tengo tiempo»

Una o dos sesiones por semana bastan para progresar. No hay clasificación ni calendario impuesto: pasas tus grados cuando estás listo. El taekwondo se practica durante años, no un trimestre: la regularidad importa más que el volumen.

La primera clase

¿Cómo es en la práctica?

Lo más difícil es cruzar la puerta. Una vez dentro, así es una primera clase, casi en cualquier sitio:

  • Vienes con ropa deportiva, descalzo. No hace falta dobok para probar.
  • Saludas al entrar en el tatami: es la única regla que hay que conocer al llegar.
  • Calentamiento, técnicas básicas, algunas patadas a la pala: sigues al grupo, sudas, aprendes dos o tres gestos.
  • Nadie te juzga: los demás están concentrados en su propia técnica, y todos tuvieron un día su primera clase.

Al final saludas, recoges, y ya sabes si te apetece volver.